20 de abril de 2010

Los intereses de un volcán

En alguna ocasión, el mítico Krakatoa explotó y sus cenizas, se dice, dieron la vuelta al mundo un par de veces, irrumpiendo en nuestra atmósfera como una visión poética del fin de los tiempos. Ahora, un volcán islandés de nombre impronunciable ha impedido multitud de vuelos, y con ello, ha perjudicado el desempeño de la Champions League.

Se ha retornado, gracias a la ceniza que recorre el mundo, a los tiempos en que los equipos se trasladaban de un lado a otro en toscos autobuses, llegando los jugadores a su destino con las piernas entumidas, ansiosos, y pensando en cualquier cosa menos que en futbol. El destino ha querido que el Barcelona, todopoderoso como el propio Krakatoa, viaje por carretera hasta la mítica Milán, para enfrentarse al villano número uno del futbol mundial: José Mourinho y su robotizado Inter. La anécdota no es menor. Si hay un equipo en esta tierra que pueda interponerse entre el Barcelona y su segunda Champion consecutiva, son los neroazzurros.

El morbo está en saber si el viaje afectará o no. Está en saber qué sucederá. Maicon no es Dani Alves porque no le pega tan bien a la pelota, pero recorre la banda con ese indomable fuego brasileño que quema todo. Julio César, que me perdone quien no comparta, es mejor portero que Víctor Valdés. Y no lo digo yo. En el mediocampo, el Barcelona no tiene comparación porque Xavi no la tiene; sin embargo, Cambiasso, Mota y Sneijder son dignísimos rivales de cualquiera, y le doblan en experiencia a Busquets.

Adelante está Lionel Messi, y es quizá donde la balanza se quiebra y todos los paralelismos sufren por su ausencia. Sin embargo, en el Inter está el único futbolista que extrañan los catalanes: Samuel Eto’o… un león negro que siempre ha bebido de las revanchas, y cuya única relación que tiene con el futbol es el gol. Lo demás no le importa y lo demuestra. Lo acompaña Milito, quien es después de Messi y de Higuaín el mejor delantero argentino del momento, y por el otro lado está Ibrahimovic; una torre escandinava que, a pesar de estar en terapia intensiva, aún puede meter un gol de tacón sin despeinarse. Falta que se decida.

La otra gran diferencia está en la banca. Guardiola tiene el temple frío de los genios, mientras que Mourinho parece más un elegante banquero portugués, que el artífice mecánico de ese instrumento de balística y precisión llamado Inter de Milán.

Futbol de primer mundo. Mientras en México miramos la calculadora y soñamos con sumas y restas para saber quién accede a la liguilla, y nos llenamos la boca con nuestra última y emocionante fecha 17; mientras aquí estamos aprendiendo a disfrutar lo mediocres que somos… allá, en Europa, al mejor torneo del mundo no lo detiene ni un volcán. Solamente, lo hace más interesante.

No faltarán los titulares que mañana así lo consignen. ACP

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